viernes 24 de abril de 2009

Técnica eugenésica

Seleccionar embriones es según la iglesia católica una técnica eugenésica. Poco importa que al hacerlo se salve una vida o se evite el sufrimiento de un ser que con toda probabilidad nacería gravemente enfermo o minusválido. La Iglesia también creía que la tierra era plana y estática, y que el Sol y todo el firmamento giraban alrededor de ella. También pensaba que Dios había creado el universo en siete días. Ni uno más, ni uno menos. Luego cambiaron de idea. No les quedó más remedio. La ciencia demostró que nuestro planeta era redondo y que entre su formación y la llegada de la vida habían pasado no unos cuantos días sino más bien unos cuantos miles de millones de años. Ahora le toca el turno a la genética. No han cambiado de mentalidad, solamente han cambiado la diana sobre la que disparar sus envenados dardos, su cerrazón mental y su mala leche. Si por ellos fuera estaríamos todavía en la edad media, sometidos a su santísima voluntad, por supuesto. Mejor harían en decirles de una vez y para siempre a los creyentes si existe el limbo o no. Porque es un cachondeo que con cada nuevo pontífice el limbo aparezca y desaparezca como la isla canaria de San Borondón. Pero al obispo de Roma todo eso le trae sin cuidado, según parece su infalibilidad es tan infinita que hasta cuando se equivoca tiene razón.

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martes 21 de abril de 2009

El cuento de la lechera

Hay un error de bulto, intencionado o no, en las estimaciones de pérdidas que hacen la industria discográfica y cinematográfica como consecuencia de las descargas ilegales en Internet. Ellos consideran que cada tema o álbum o película descargada ilegalmente es una venta menos. Pero es evidente que el elevado número de descargas ilegales que se produce se debe precisamente, y en gran parte, al hecho de que son gratis y es desde luego poco probable que alguien que se descarga veinte discos y veinte películas en un mes, esté dispuesto a pagar los mil euros que le costarían en la tienda. Pero hay algo más, y es que la gratuidad favorece un fenómeno tan sumamente interesante como es la descarga de obras de artistas que ni siquiera se conocen. Cosas de las que nunca se había oído hablar antes y que por lo tanto nunca se habrían comprado. Los amantes de la música y el cine se descargan, casi diríamos que compulsivamente, cuanto cae en sus manos, sea de la naturaleza que sea, y los ordenadores se llenan de cosas que son tan ilegales como indeseadas a veces, e innecesarias. No me parece descabellado afirmar que es poco probable que sus poco entusiasmados poseedores estuviesen dispuestos a pagar por ellas. Sin embargo están ahí, ocupando espacio en sus discos duros, seguramente por aquella premisa tan vieja como cierta de que “a caballo regalado no se le mira el diente”. Ocurre sin embargo que de vez en cuando entre toda esa paja aparecen verdaderas joyas que uno ni siquiera imaginaba que existían, y que no hubiera conocido jamás si no hubiera sido por la posibilidad de descargarlas libremente desde cualquier portal P2P. Y entonces se produce uno de los efectos más interesantes, curiosos y llamativos, pero al mismo tiempo el más ignorado en todas las campañas contra la piratería y las descargas ilegales en Internet. Y es que a los amantes de la música y del cine por supuesto también nos gusta atesorar nuestras obras más amadas en formato original, y cuando encontramos algo que realmente nos complace tenemos una cierta tendencia a querer hacernos con la “cosa” física. Conozco mucha gente y tengo muchos amigos que descargan música y películas de internet y puedo asegurar que sus estanterías, como la mía, están llenas de películas y discos originales. Nuestras colecciones crecen día a día con las maravillas que de vez en cuando encontramos entre toda la basura que circula por internet y que nos apresuramos a encargar a nuestra tienda de discos más cercana. Sí, seguimos comprando discos y películas, cuando nos gustan, por supuesto. Y si un día la ley se pusiera tan estricta como exigen las multinacionales y nos fuera imposible descargar una sola canción o un solo video gratis, puedo asegurar que no nos gastaríamos por ello más dinero en música y cine de lo que ahora nos gastamos. Lo que sí es seguro es que, como antes de la era P2P, volveríamos a vivir ignorando las maravillas que se hacen en lugares tan distantes como diferentes. Tendríamos un mayor desconocimiento de lo que se cuece en otras partes y posiblemente por ello podría ocurrir que hasta terminásemos por gastar menos de lo que ahora gastamos. Culturalmente, sería un retroceso enorme en muchos aspectos y dudo mucho que se tradujera en mayores beneficios para las industrias del cine y de la música. Nunca verán convertidos en dólares ni euros los millones de descargas ilegales que se producen cada día, porque en el fondo de todo este asunto de las descargas lo que subyace no es simplemente el deseo de ahorrar dinero sino un ansia irreprimible de descubrir y conocer. Las pérdidas que reflejan sus tendenciosas operaciones matemáticas son igual de fantasiosas que las ganancias del cuento de la lechera. Sólo que ellos cuentan con abogados que les ayudan a mantener el cántaro de una pieza por más veces que se caiga… o al menos así está siendo de momento.

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miércoles 15 de abril de 2009

¿Energía Verde?

Quién nos iba a decir que terminaríamos llamando energía verde a las nucleares. Al parecer el plan consiste en eliminar emisiones de CO2 y cambiarlas por emisiones de residuos radioactivos. Toneladas de residuos radioactivos que tienen una vida de no sé cuantos miles de años. Es como matar mosquitos a cañonazos. No se puede reparar un error con otro. Lo que hay que hacer es consumir menos energía. A todos los que defienden el uso de la energía nuclear me gustaría simplemente preguntarles si estarían realmente dispuestos a vivir pegados a una, o si les gustaría que los residuos se enterrasen justo al lado de su jardín o del parque donde juegan sus hijos. Si la respuesta es no, entonces por favor revisad vuestras opiniones. Producir mierda que va a ser enterrada en casa de otros no puede denominarse energía verde.

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martes 14 de abril de 2009

Rajoy contra la Crisis

Si es verdad que, tal y como él dice, tiene la receta para superar la crisis, hay que nombrar a Mariano Rajoy presidente del mundo mundial, ya. Si de verdad sabe cómo salir de la crisis tiene que contárselo inmediatamente a estadounidenses y belgas, a alemanes y brasileños, a irlandeses y franceses, a japoneses e italianos. Ahora por fin ya sabemos que si esta crisis internacional amenaza con devorarnos a todos es porque a nadie, del polo norte al polo sur, se le ha ocurrido preguntar al idiota de los hilillos, ni a su primo de Sevilla, como hacer para evitarla.

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Liberarse

Te quieres desnudar. Abres el programa de correo. Escribes lo que sientes. Lo escribes mal o bien. Lo escribes como puedes y no como quieres. Porque en realidad no quieres escribir. Lo que quieres es desnudarte. Eso ya lo hemos dicho al empezar. Viertes las palabras, que se unen construyendo frases, que forman párrafos. Y cuando los párrafos son tan grandes que ya ocupan toda la pantalla le das a la tecla de punto y aparte y comienzas otro párrafo. Te miras y sigues vestido. Miras por dentro por si el alma ha tenido más suerte, pero el alma también sigue vestida. Apartas la silla de la mesa y echas un vistazo por el suelo, a ver si encuentras un hilillo, una pelusa, un trozo de una esquina del dobladillo del pantalón que pruebe irrefutablemente que vas por buen camino. Que estás consiguiendo desnudarte. Como querías. Pero nada, ni rastro. Sigues escribiendo. Ahora con más rabia. Rebuscas dentro del corazón en los rincones donde duermen todos los lamentos no narrados. Y los viertes, como caldero de agua hirviendo, sobre el papel imaginario que en realidad no es más que una amalgama de unos y de ceros desparramados sobre el disco duro de tu ordenador. Y se te llenan los ojos de lágrimas, porque eso que escribes y que al mismo tiempo que escribes estás leyendo, eso, se parece mucho a lo que tú sientes. Se parece tanto, que casi podrías ser tú. Y piensas que a lo mejor, ahora sí, por fin lo has conseguido, te has liberado, has arrancado de tu piel y de tus entrañas todas las capas que te ocultaban. Y te frotas los ojos para enjugar el llanto y emocionado haces clic en el botón de enviar convencido de que al apagar la pantalla y volver al mundo analógico vas a pesar mucho menos y a sonreír mucho más. Pero llorar te ha dado sed y mientras vas a la cocina a buscar un vaso de agua te das cuentas de que sigues tan vestido como al principio. Vestido por fuera. Vestido por dentro. E igual de pesado. Y que todos aquellos ceros y unos que ahora alguien estará leyendo pensando que son palabras en realidad no te han dado resultado alguno. Entonces llamas al servicio de atención al cliente del comercio donde compraste tu equipo y les dices que quieres poner una reclamación. Que el ordenador que te han vendido es una estafa. Y que, aparte de llenarte el disco duro de un número inverosímil de dígitos, no sirve absolutamente para nada. Y los mandas a la mierda. Y te cagas en sus muertos. Hasta que a la persona que te atiende se le colma la paciencia y por supuesto te cuelga el teléfono. Y tú con tanta excitación notas que vuelves a tener sed. Y vuelves a levantarte para ir a buscar un vaso de agua. Y mira tú por dónde, qué cosa tan curiosa, la basura que le has largado al pobre técnico del servicio de post-venta parece que te ha dejado más relajado, te sientes incluso otro, más liviano y más feliz. Y se te ocurre pensar por vez primera que a lo mejor iba a ser eso. Y que en lugar de buscar papeles, virtuales o reales, en los que escribir párrafos, construidos con frases, formadas con palabras, donde verter lo que sientes, tal vez lo que deberías hacer es buscar un buen contenedor, un contenedor tamaño industrial, en el que arrojar toda la mierda que sabes que te sobra.